Exiliado de mi reino por buscar un amor que no me pertenecía, fui el heredero de un gran legado pero lo rechace y lo deje olvidado en el pasado. Ahora me encuentro acostado con mis pensamientos en un cuarto de una posada de un lejano poblado, en busca de la mujer a que tanto he amado; en mis recuerdos aun reposa aquella frase de mi amado padre, que en paz descanse: " Bendición y maldición de los hombres es el amor; que los hace perderse entre sus redes, oculta a sus ojos toda verdad y visión."
Sobre mis ojos puedo ver las rusticas paredes de la posada en la cual me oculto de las culpas que arrastro, mi pasado ahora es solo un cuento olvidado en el tiempo, solo soy una leyenda, un mito, una mentira. Con el tiempo me volví una sombra que merodeaba la noche, que con el llamado de la cruel luna huía tras el rastro de su amada.
Me levanté de la incomoda cama y tras la llegada de la noche decidí emprender de nuevo mi camino, bajé las escaleras del húmedo lugar, mientras un poco mareado por el despertar me tambaleé entre las paredes y crucé el oscuro pasillo renunciando a la luz de la vela que sobre una de las mesas en mi cuarto posaba. Como cuerpo arrastrado por fuerzas invisibles me dirigí entre las escaleras del bar, encapuchado por una capa de cuero que servía de protección contra las tormentosas y frías noches de aquel condado, la espada guardada entre mi manto, botas de cuero de algún animal desconocido y un completo traje de pieles de bestias me adornaban.
En el bar de la posada el tendedero aun servía tragos a los pocos hombres que al igual que yo alguna pena escondían, no presté atención a mas detalles, la noche me llamaba con el susurro del viento, abrí la puerta y pude ver las calles desoladas de la ciudad que oculta sobre penumbras se encontraba: inundadas por la nieve las casas rusticas del lugar entristecían el paisaje y crujían ante el viento. Me cubrí con mi ropaje como pude y empecé a huir de la ciudad como acostumbrado ritual de mis jornadas.
Dentro de mis memorias nunca encontré su nombre, pero en mi alma su hermoso rostro quedo marcado, como el único amuleto que guardase felizmente de mi pasado. Mi amor era intenso por ella.
Dirigiéndome entre las tenebrosas y frías calles como una sombra que refleja la oscuridad de la noche, pude escuchar un grito, un aullido entre los bosques, una voz de desesperación que exclamaba terror. Corriendo me dirigí al lugar del acontecimiento, en un tiempo breve atravesé el pequeño condado y me hundí en el bosque, un niño aterrado ahí se encontraba, con los ojos cerrados para cubrirse de la visión que tanto le producía terror, sus manos cubriendo su cara, lágrimas inocente reclamando por protección corrían por su joven rostro, estaba aterrado pálido como la nieve y temblando mas que por frió por un profundo miedo.
Yo temeroso también debido a aquella advertencia de peligro que sus expresiones mostraban, me acerqué a él no sin antes contemplar mi alrededor en busca de la razón del miedo; no pude mas ver mas que árboles y nieve amontonada junto a la tierra, temblorosa se pusieron mis manos sobre la inocente victima, buscando darle la protección que tanto necesitaba. Él se escurrió en mis manos y lejos corrió, yo al igual que la bestia o espanto que le hubiese atacado le provocaba miedo, no era para sorprenderme ante mi aspecto, además, era un desconocido para él, al igual que él lo era para mí ¿debía yo de temerle?.
Lo seguí para protegerlo sin importar su miedo, entre los árboles lo encontré, estaba paralizado temblando posado debajo de un árbol, pronto lo tome en brazos y lo levante y le pregunte de donde provenía tal profundo miedo que podía parar el corazón de alma tan inocente, él señalo con dedo endeble y temeroso a las alturas de las montañas donde la niebla espesa asentaba su territorio, le pregunté que es lo que hay allí el me respondió; que ella merodeaba las montañas atrayendo las almas para a su santo refugio y condenar su espíritu a vagar eternamente con ella en las alturas de las montañas.
Yo pregunté, a quien se refería él me respondió diciéndome que era un alma condenada, de aquellas que habían sufrido por amor; en un momento supe que yo no era diferente a este espanto que de manera resumida debido a la respiración constante y desesperada el muchacho mostraba. Pronto el joven se calmó y debajo de un árbol nos protegimos de la nieve, este prosiguió relatándome sobre aquel espanto, era una leyenda que hace poco se contaba, sobre una mujer que fue arrastrada por un hombre que no amaba hasta estas montañas donde la muerte interrumpió su camino y sus almas condenadas quedaron atrapadas vagando en pena y esta ahora le canta a la noche en busca de su amado que perdido en las sombras la busca desesperadamente, en ese momento pensé: si sería yo, sería verdad que ella había muerto. Pensé que no podía ser, después de tanto años buscándola, la encuentro pero ahora es solo un despojo de su alma, la desesperación entró en mi cuerpo me di la vuelta y pude ver el negro horizonte hacia las montañas sumidas en nieve, olvidé al muchacho que se limitó a observarme y me entregué a mi necesidad de corroborar mi situación. Corrí hacia las montañas, atravesé las rocas, sus árboles y toda su vegetación, sin importar el frío profundo que empezaba a poco a poco a penetrar en mi cuerpo. Me enfrente ella, la nieve caía y confundía mi camino, me dirigí hasta las alturas de la montaña y me interné en su bruma profunda, la niebla tomaba mi alrededor, espesa y profunda como el mismo océano me ahogaba, pronto pude escuchar, un sonar, de un lamento, una amarga letanía de invierno, su canto contaba la historia de un príncipe que había renunciado a sus alas en la gloria por su juramento de amor eterno, me dije que era ella, después de tanto tiempo había encontrado lo que tanto buscaba.
Era su espíritu el que cantaba a la noche, sus canciones solo reflejaban llanto y lamento, pronto pude ver al mí alrededor, la bruma de la niebla se dispersaba, pude ver que el suelo estaba conformado por cristales de hielos que conformaban espejos que reflejaban imágenes, en ella pude verme, era una sombra mi reflejo, el reflejo de un ser oscuro silente compañero de las noche de la nada, era un insignificante hombre sufriendo por su amada.
Faltaba poco para llegar a las alturas y esta vez la niebla como brazos extendieron sus manos y me atraparon dejándome ciego y nublando mi camino, pronto pude escuchar un rugir en el viento que partía la armoniosa melodía y provocaba que su vos partiera en llanto, En su eco pude sentir el sufrimiento que este le provocaba y me dije que debía protegerla, llegué hasta lo mas alto entre las montañas, rozando el cielo con mis manos y hay lo pude ver, mi rostro dio una expresión de horror al ser testigo de tal visión, un ser de gran tamaño oscuro y de ojos rojos, este rugía a la luna como si le reclamase su amargo destino, pronto él me vio y yo quede atrapado en el pánico, se acerco, pude ver que era una bestia de grandes garras y poderoso dientes, este tomo de mi brazo y me lanzo en el piso cristalizado, la bestia rugía y corría como animal a su presa hacia mí, un dolor sobre mi espalda se asomo y pude sentir que un cristal de hielo se había clavado en ella, pronto la bestia se acerco, yo empuñe mi espada corta y el impacto se dio y mi espada se clavo sobre su pecho, la sangre corrió desde la herida, manchando mi cara y su pelaje, pude sentir su sabor, en él frió intenso de las montañas un calor profundo tomo mi cuerpo, todo debido a la salvaje lucha, el animal agarro mi mano izquierda con la cual empuñaba mi espada y la torció como si de una pequeña rama se tratase, el dolor aumento en mi, mis huesos empezaron a partirse y mis músculos entumecidos fueron torcidos, con él mi brazo agarrado me lanzo sobre el final de lo que seria una caída de hielo que antes no había contemplado y el brazo se desprendió, la muerte era asegurada para el que cayese de tal punto, pronto la bestia en su continuo ataque se dirigió a mí de nuevo, el dolor sobre mí era inaguantable, la bestia se poso sobre mí y rugió condenándome a ser víctima de uan carnicería.
Vi a mis lados y pude ver uno de los tantos cristales de hielo, la bestia no reflejaba ninguna imagen, esta bestia era un espíritu, un espíritu que se había vuelto demonio por sus culpas. Tomé uno de los cristal con mi única mano, mientras él rugía y se preparaba para embestirme, yo temblaba de miedo, él monstruo se abalanzo sobre mí y como acto de sobrevivencia arranqué el cristal y lo clave su sobre su ojo derecho. Luego, usándolo tal como espada hice una hendedura hasta el derecho, dividiendo su horrible rostro en dos, sangre negra salió expulsada y un quejido de su boca, él me tomó con sus brazos, y sus garras se clavaron en mi cuerpo atravesando la débil piel que sucumbía ante cualquier filo, pronto vi que mi muerte se aproximaba cuando pude ver como la niebla rodeó a la bestia atrapándolo y dejándome libre, cayendo en el suelo, agonizante del dolor, pronto la niebla lo tomó y lo lanzó por el risco de la montaña, esta cayo, pero un rechinar se escucho, la bestia había clavado sus garras sobre los cristales, tratando de sobrevivir sin importar herirse ella, actuaba solo por presentimiento, estaba ciega, pronto me arrastré y tomé otro cristal y lo clavé sobre su cabeza, en esta ocasión por odio. Él se quejó y dio un estopor furioso que salió de sus fauces, pero en instantes en un último aliento de vida el tomó con sus garras una de mis piernas y luego cayo desde las alturas del risco, arrastrándome con él al vacío.
el miedo se acrecentaba sobre el dolor, era él ultimo momento de mi vida, pronto caí, pensé que ese era mi final, por momentos me sentí como una gota de lluvia que cae en la infinidad de la tierra, el pánico tomo mis pensamientos y un grito profundo se escucho por las montañas y fue resonado por el eco, en momentos caí en las profundidades de la montaña, pero dentro de todos ese pánico pude sentir como la niebla me arropaba en su manto y tranquilizaba mi alma, en momentos mi espíritu se desprendió de mi cuerpo y fui testigo de las más hermosa visión que jamás había visto, era ella, era su hermoso rostro, su belleza era mostrada, era su figura en la bruma, era el fantasma de ella en la niebla.
Mi espíritu fue separado de mi cuerpo y pronto me vi envuelto por la bruma y tomó mi forma convirtiéndome en parte de ella y ella en parte mía, ahora la niebla su alma y mi espíritu éramos uno, como siempre lo había deseado, como siempre lo había querido, desde ese momento ella y yo vagamos en la nieve como almas en pena y nuestro reflejo ahora muestran imágenes claras de nuestra belleza pasada, nos tenemos uno al otro y ahora en la bruma profunda ya no se escucha un rugido y un lamento, sino un cantar hermoso y armónico que ostenta la felicidad divina.
Ahora como espectros merodeamos en las oscuras noches de invierno, aun se nos teme, pero ya nadie nos llora.