- Sabe mi nombre… no creo que las presentaciones sean necesarias – comenté.
- Pude ver tu terror Mauricio, pude ver todo ese miedo que llevas sobre tus hombros como
un karma que se posa en tu alma… y no necesito magia alguna para saber eso.
- Supongo que es bastante obvio… escuché, la verdad, vine aquí porque no sé que más hacer, siempre he tenido miedo y siempre lo tendré. Para mí todo cuanto hay a mí alrededor es peligroso y terrible. Y no, no quiero medicamentos, no quiero pastillas ni ninguna droga que me dé una ilusión falsa de cordura, quiero obtenerla por mí mismo y no creo poder obtenerla aquí.
- A pesar de todo, has venido. ¿Por qué crees que no podrás conseguir lo que buscas aquí?
- Madame… no lo sé, son las ocurrencias de un hombre desesperado.
- Todo tiene un motivo, claro o no.
- Fue por mi novia, aunque no lo pueda creer, con mi enfermedad y todo lo que pasa por mi mente me enamoré y ella se enamoró de mí, conoce mi lado oscuro, pero no puedo vivir con ella así, no puedo darle la vida atormentadora que vivo. Si por mí fuera, viviría con esta condena por el resto de mi vida, después de todo, hasta ahora lo he hecho y… me he acostumbrado.
- Lo haces por amor.
- Sí… por amor busco ayuda. Y dígame ¿Acaso puede usted hacerlo?
- No.
- ¿No? ¿No puede ayudarme?
Me levanté molesto. Ni la plenitud de su esplendor reprimió mi frustración guardada por años de desespero. Ella me miró con una sonrisa. Yo sólo pude verla molesto.
- Sólo tú puedes ayudarte.
- Me toma por estúpido. Eso es claro. PERO NO TENGO LA VOLUNTAD, no la tengo, no puedo hacerlo, lo he intentado una y otra vez, me he dicho que esos demonios no existen, que no pueden hacerme nada, que sólo son parte de mi imaginación y muchas veces los he tratado de enfrentar.
- Y no has podido hacerlo.
- No… pierdo el control de mi persona, el miedo me corroe y me inutiliza… cuando trato de hacer algo al respecto, ya es muy tarde, he vuelto a mi mundo.
- Por favor, siéntese. – dijo mientras me volvía a invitar con su mano derecha.
Tardé unos segundos mirándola, pero lo hice, me senté. Su mirada calmada, llena de una galante felicidad me confundía.
- Hay una manera en que puede solucionar su problema, una manera en que se puede ayudar a sí mismo, pero debe desearlo y debe desearlo por y para sí mismo.
- ¿De qué habla?
- Podemos acudir al Umbral, a aquellos que nos observan más allá de nuestros sueños.
- El Umbral… ¿Qué es eso?.
- El Umbral… es la puerta a los mundos en nuestras mentes.
- ¡¿Qué es todo esto?! Hablamos de espíritus y fantasmas.
- No. Hablamos de seres que viven contemplando nuestro mundo, seres que viven entre pesadillas y sueños.
- ¿Cómo puede creerle?
- No es una cuestión de creer Mauricio. Ellos existen creas en ellos o no. Están siempre cerca en cada lugar… cuando tienes sueños en los cuales sientes que subes una escalera y, en uno de los pasos, pisas la nada y sientes caer, ellos te dan libertad; cuando vez un Dejavú, una memoria pasada que parece indicarte el futuro, donde ya sabías algo que te habían dicho, vez una imagen dos veces o presientes vivir una escena que ya has soñado, ellos te dejan ver el futuro; cuando sueñas con tus familiares, amigos, personas queridas o apenas conocidas, son ellos tomando sus cuerpos, deseando sus vidas; cuando un frío profundo te atrapa y miras a tu alrededor sintiendo que hay algo invisible ahí, ellos te acompañan; cuando imaginas escenas eróticas llenas de una carga sexual sin precedentes, son ellos jugando contigo; cuando un sentimiento profundo toma tu ser sin ninguna razón lógica, ellos lo están provocando; y cuando las pesadillas te acechan llevándote a los rincones más perversos de tu mente y despiertas sudado mirando el alrededor buscando seres invisibles, son ellos los responsables.
- Esto no tiene sentido…
Ella abrió sus grandes ojos, inclinó su rostro en dirección del mío para verme directamente más allá de las tenues sombras que nos cubrían. Mira alrededor ¿Qué era esto? Eran pequeñas luces, como si de estrellas se tratasen, que se encendían rodeándome, pero no eran estrellas, eran ojos de seres más allá que reflejaban su mirada sobre mí. No, no era definitivamente parte de mi locura, era algo tan real, y la sensación que poseía no era de miedo sino de pequeñez. Me sentía insignificante pues al verme parecían tener curiosidad de mí tal como la tiene un hombre de un insecto.
- Estás loca… me largo.
- Estás loca… me largo.
- Puede que lo esté Mauricio, pero no hay peor loco que la realidad que el que niega la realidad que le rodea. ¿Acaso esos demonios en tu mente no son reales?
- No, no lo son.
- Sin embargo, los sientes, tienen formas y aparecen cuando la soledad se hace dueño de ti. Negarlos es como negar el hecho de que respiras, de que sientes, de que sangre corre en tus venas.
- … yo soy el único que los ve o lo siente”
- Bien, entonces, todos los sentimientos que posees cuando nadie más los ve son quimeras, cuando tienes una conversación de una experiencia que es personal de una persona es una falacia, cada cosa que los demás no pueden ver o sentir y que inevitablemente tienes adentro son fantasía. Tus pensamientos más íntimos, mentira, el amor que sientes por Verónica que más nadie puede ver, mentira, o al momento de no poder más con el mundo que te rodea y sentarte a llorar, eso no es verdad, aunque las lágrimas estén ahí, tú, aquí, eres el único que me ve. ¿Soy yo acaso una ilusión? ¿Uno de esos monstruos que viven dentro de ti”
Quería largarme. Ese discurso afectaba las sensibilidades más delicadas de mi locura. Sin duda, si permanecía aquí, terminaría en un manicomio. Venía aquí por ayuda, no para crear más duda acerca de mi débil percepción de la realidad. Ningún cuestionamiento podía dudar de esos brillos que me rodeaban, eran chispas destellantes que se abrían y cerraban, no habían bombillos, lámparas ni trucos, todo parecía tan malditamente real. Yo sólo deseaba que esto fuera una estafa.
- Esto es todo…
- No, no lo es Mauricio. Viniste aquí porque tenías un deseo y yo estoy aquí para cumplírtelo – dijo ella interrumpiéndome – Dame tus manos, pidamos tu deseo al Umbral.
- Primero… de ser real, este… ¿Cuál es el precio?
- Si se cumple tu deseo, debes traer a alguien más…
- ¿Alguien más que le pida un deseo al Umbral?
-“ Sí…”
- Esto no tiene sentido, como sé… qué…
- ¿Quieres dejar de temer… o no? – respondió ella.
- Sí, pero no sé el costo, todo es tan raro.
- Tu miedo te cuesta toda tu vida ¿cuál pago podría ser peor?.
- Ok, intentemos esta locura… ¿Cómo le pido ayuda al Umbral?
- Mi función, en esta imagen de pitonisa, es la de ser tu conexión con ellos, el de la guía o la vía de comunicarte con ellos. Sin embargo, eres tú solamente quien tiene el deseo, el pdoer y la verdadera capacidad de llamarlos. Sólo toma mis manos y pide tu deseo.
Tome ambas de sus manos, me sentí totalmente ridículo al hacerlo, era esto o nada, no quería salir corriendo de esta situación. En esta oportunidad trataría la más absurda de las ayudas en contra de la falla de cualquier lógica. No sé si esto era un show, una especie de engaño muy bien concebido, una broma o un trato con el mismo Satanás. En todos los casos, estaba cansado de correr y era mi sola esperanza.
Tome ambas de sus manos, me sentí totalmente ridículo al hacerlo, era esto o nada, no quería salir corriendo de esta situación. En esta oportunidad trataría la más absurda de las ayudas en contra de la falla de cualquier lógica. No sé si esto era un show, una especie de engaño muy bien concebido, una broma o un trato con el mismo Satanás. En todos los casos, estaba cansado de correr y era mi sola esperanza.
- Ahora pídelo, pide tu deseo.
Un chasquido eléctrico sentí entre sus dedos y los míos. Las luces en mi entorno tomaron mayor poder y crecieron en tamaño. Mi cuerpo fue sumido en una sensación de poseer una carga estática, el pelo de mi piel se levantó y los objetos colocados en el cuarto se levantaron suavemente. Todo comenzó a girar.
- ¿Qué debo decir…?
- Sólo pide tu deseo.
- ¡Umbral… lo único que deseo en mi vida es jamás volver a temer!
Un rayo de luz se esparció cegándome por varios segundos. Al volver la visión, estaba en ese cuarto, las luces se habían perdido del todo, dejando toda la magia del lugar a las extrañas máscaras, artilugios y parafernalia con la que la Madame decora sus aposentos.
- ¿Y ahora?
- ¿Y ahora?
- Ya Mauricio, tu deseo pronto será cumplido, el trato está hecho. El Umbral vendrá a cumplir tu deseo.
- El Umbral…
- Sí, no desesperes, ocurrirá cuando deba acudir. Ahora, debes retirarte, el teatro, pronto cerrara, y no querrás quedar atrapado en un lugar donde es posible que esos demonios tuyos sean verdad.
Me levanté de la silla. Me despedí con un ademán y salí de la habitación. La puerta estaba abierta. Nunca se cerró. Salí de la habitación de Madame de Sair tan intranquilo como entré, el espectáculo ya había acabado, la audiencia se había retirado y sólo quedaban las luces. Me pregunté por un momento por la vida del lagarto y luego decidí seguir adelante. Caminé de manera rápida toda la vía hasta llegar al vestíbulo, donde para mi sorpresa, el viejo seguía despierto.
- ¡Oh! Joven, ya sé porque se encuentra aquí, lo puedo ver en sus ojos adormecidos, en su mirada lacónica, en el cabello mal arreglado y su ropa casual mal tratada por el tiempo y …y… ¿Lo conozco de algún lugar?
- Sí, entre hace unos minutos… de hecho, ya voy de salida.
- No, no puede ser muchacho, yo no he visto nadie entrar.
Pensé dirigirle la palabra de nuevo, por lo visto, ya había olvidado todo y cualquier cosa que le dijera la olvidaría también. Ya comprendí como el viejo puede estar aquí todos los días, pues nunca recuerda nada el día siguiente, debía ser un caso de problemas de memoria, algo que debió ocurrir aquí para que se sintiera familiar con los alrededores y lo que ocurre. Aquí deberían estar sus últimas memorias retenidas, y aquí viviría los mismos días por el resto de su vida, olvidando lo que hizo el día anterior. Ante esto, se me ocurrió hacer una pregunta.
- Sí, es mi equivocación dígame algo ¿Alguna vez deseo algo?
- Claro, joven, todos tenemos deseos.
- ¿Qué fue?
- Pues un viejo como yo sólo puede pedir una cosa, que el resto de cada uno de mis días finales de vida fueran especiales y diferentes entre sí. ¿Por qué lo pregunta?
- No, nada importante…
¿Es acaso ese el resultado de los deseos de la Madame? No, no quería averiguarlo. Sólo quería irme a casa y olvidar que esta noche, estos eventos, esta locura nunca existió.
Pero tratar de olvidar es el juego más cruel de la mente. Mientras más te dices a ti mismo que debes dejar de recordar todo, más vividos son esos momentos, mayor es la atención que uno lo presta y cuando lo menos esperas has pasados años de tu vida solamente atrapado por ese minúsculo momento en las millones de horas que has de vivir, pues son esos los momentos que definen a tu persona como alguien que vive y respira. La calle a mi alrededor se encontraba en un estado tétrico, un perfecto simulacro del lugar de los hechos de acontecimientos posteriores a un crimen. Sólo un alma se podía ver por los alrededores y no era más que la figura de un hombre hundido en soledad. No preste más atención a cuanto me rodeaba pues volvía a mí ese frío que escalaba por mi espalda ¿Mi terror habría de desaparecer? No lo sabía, no me sentía muy diferente, claro, la extrañeza de lo que había sucedido en el teatro me había dejado un tanto ansioso ¡Pero…¿diferente?! No me sentía ni un poco distinto al día en que el terror tomó presa de mis percepciones. Es difícil dejar de recordar, al parecer es una de las principales funciones del cerebro y muchas veces parte de la terrible condición humana.
Caminé en dirección de la avenida principal, por supuesto, evitando al otro hombre que desde lejos parecía comenzar a caminar al mismo tiempo que yo lo hacía. Nervioso, esa era la palabra que definió mi sensación en ese momento, apenas había salido del teatro, había pedido un estúpido deseo y la sensación de persecución comienza a tomar mi mente. Trato de negarme, no he de temer, si fuerzas incomprensibles más allá de mi consciencia no puede ayudarme tendré yo mismo que hipnotizarme para divergir de mis temores. He de ignorar al hombre que está detrás de mí, no, no miraré hacía mi espalda de una manera sutil, me niego a cambiar de calle, no he de temer. Las luces de la ciudad inundaban la calle, no podía ver las estrellas, pero los faroles en cada esquina me hacían sentirme medio protegido y le pedía a la luna que se mostrará en su más plena forma. El extraño peatón aceleró su paso, podía ver sus jeans desgastados por el tiempo, sus converse deshilachados y mal amarrados, el cabello corto y desgastado, y no sus ojos, no su rostro. Aceleré yo el paso, estaba en la avenida principal, los he vecinos habrían de estar profundamente dormidos debido a que ni un solo auto se había atrevido a cruzar esta calle ¿Acaso sentían la misma maldad que yo? Ese maldito frío.
La calle principal con sus amplios espacios, sus inigualables edificios de apartamentos, negocios cerrados bajo imponentes Santa Marías, el silencio sólo interrumpido por el susurro del viento y el horizonte nocturno no eran más mis protectores. Había tratado de ser fuerte, de ser equitativo con mis alrededores, juro que lo intenté todo cuanto pude por Verónica y por más que traté de endurecer mi cuerpo el temblor del miedo dominaba mi cuerpo. Mis dientes estaban colocados rechinando uno contra otra, tratando de destruirse uno contra el otro y al tratar de liberarme únicamente me logré dejar ir. Mis pies fueron los primeros en actuar y empecé a correr desesperado mientras gritaba. Era él, era el asesino que venía cada noche a mi casa a perturbarme, venía con sus sonidos aparentemente normales para perturbarme la velada, venía finalmente por mí, el juego se había acabado por completo, era el momento de matar.
Estúpido, estúpido, estúpido. Esa bruja estaba con él todo el tiempo ¿Acaso no lo pude ver? Espera, sí, lo recuerdo. Estaba en la casa cuando salí, justo al bañarme, había dejado la ventana abierta para deslizarse por la estructura de mi hogar y escapar, el sonido que había escuchado de un golpe en el taxi no era una remembranza de una memoria, era él colocándose dentro de la maleta del taxi, al llegar al teatro el entro y le preguntó al viejo donde había estado, luego se fue, por eso el viejo me pregunto si me conocía a pesar de que perdía la memoria. Todo era perfectamente lógico para la locura.
No me atraparía, tengo que escapar de alguna manera. Me perdí por uno de los callejones de los edificios. Me metería entre sus laberínticas formas y lo perdería mientras llegaba de alguna manera a mi hogar. Corrí, mis piernas dieron todo lo que pudieron, sentí la agitación aumentar de una manera inesperada, ya empezaba a respirar por la boca y sentí haber tragado aire, un profundo dolor se coloco en mi estomago. El olor de la basura era pútrido. En medio del callejón, entre la luz débil de un farol mire a los alrededores y sólo pude ver un montón de basura acumulada, algunos gatos que había perturbado en su habitad natural en esta jungla de asfalto y no parecía haber nada más. Ni una salida, ni una puerta, un bote de basura o tan siquiera un pequeño hoyo donde tratar de entrometer mi cuerpo. Había caído en su trampa, maldita sea, el asesino me conocía, sabría cuando y como huiría, tragué saliva, traté de aclarar mis pensamientos. Recogí un palo de escoba roto, lo tomé como arma, sería el intento desesperado de un cobarde, pero aún los cobardes quieren sobrevivir… a todo costo.
- ¡Ven por mí! No huiré más, ven por mí, maldita sea.
La verdad no tenía a donde huir.
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