martes, 23 de agosto de 2011

Cielo de Incineración - Parte 3



Ø  “¡Aléjense!”-  gritó Kain

Ø  “¡Xack! –dije yo- ¿Cómo sobreviviste?”

Ø  “¡Cúbranse!” – insistió Kain.

Ø  “¿Xack? ¡Xack!” – dijo Rubí.

El sargento corrió hasta Xack con una expresión de alegría, yo, al lado de Rubí, nos miramos dudosos. Kain se alejó tomando cubierta detrás de la recepción, yo lo miré con duda y al voltear a ver al sargento, pude ver como su visor, en su traje Firebat, se abría y nos mostraba al viejo Xack… transformado en un infectado. Yo me lancé junto a Rubí bajo cubierta. El sargento cambió de expresión, levantó su arma y Xack explotó en mil pedazos llevándose con su rocío abrasador para siempre a nuestro sargento. 

Me di cuenta que no existía tal cosa como al suerte del sobreviviente. Aquellos que lo hacen, solamente ven más días de combate, más muerte, más fuego.

A veces, cuando luchabas en la confederación, no sabías realmente en que bando estabas, las guerras internas eran demasiadas. En un principio parecían tener sentido, pero con el tiempo, se levantaban cuestionamientos morales cuando te tocaba atacar a aquellos que una vez llamaste hermanos, a pesar de todo,  ese era el precio de ser fiel a una causa,  entregar tu voluntad, tu juicio y manos a un ideal controlados por otros hasta que éste se corrompe, se llena las manos de sangre y se condena a caer como otra nación en los anales perdidos de la historia.

Hoy, existe la confederación, mañana los Hijos de Korhal, la facción en insurgencia, verán sus días hasta que llegue un nuevo poder. Cuando eres un simple soldado en el campo de batalla, sabes bien que serás el héroe de hoy, e inevitablemente, el enemigo del mañana.

Quedábamos tres. Kain, Rubí y yo. Sin Xack, sin el general y sin confederación. Ya no éramos más soldados, ni compatriotas ni aliados, éramos seres humanos jugando cartas con la muerte.

Ø   “¡Ja! -dijo Kain carcajeando- ¿Quién lo diría? ¡Y la muerte nos separó!”

Kain automáticamente levantó su rifle y me apuntó con una mirada decidida, una mirada que decía que éste por fin sería su mundo y él sería libre.

Ø  “Hasta aquí llegaron nuestros caminos, -dijo Kain- no me sigan, hay dos transportes, tomen el suyo”

Ø  “De acuerdo” – le dije apuntando a él y cerrando mi visor.

Ø  “Sólo, déjame asegurarme de que seas un hombre de palabra”.

Tomó su arma, volteó en dirección a Rubí y le disparó en una pierna, ella de un quejido calló, yo le disparé devuelta, pero logro cubrirse y decidió escapar tomando un elevador. La cuenta sobre las pantallas indicaban: 10 minutos para la evacuación, yo tomé el otro elevador, llevando conmigo a Rubí, no teníamos palabras, nos abrazamos por un momento, habíamos perdido a Xack que era como nuestro hermano y al sargento que sería lo único que conocí como padre y Kain nos había traicionado. No había tiempo para lágrimas.

-          ¿No te queda energía? - pregunté”

-          Nada en el regenerador, respondió. Si puedes, mata a ese desgraciado”.

Llegamos a la planta alta, llevaba mi rifle en busca más que de un Zerg, de Kain, lo vi tomando una de las naves, lejos de mi rango, y la otra nave de escape al otro extremo, al llegar apenas quedaban siete minutos.  La tormenta había llegado a su punto más álgido, las descargas eléctricas caían alrededor de las plataformas, allá a los lejos se veía la colonia invadida por Zergs y en el cielo, el castigo de los antiguos dioses comenzaban. Varios flashes aparecieron en el cielo y lo una fina línea celeste se expandían como pilares de fuego estelar, este planeta iba a ser purificado.

Caminamos hasta la nave, estaba en piloto automático e iniciando la secuencia de despegué, en eso pude ver uno de las descargas de artillería Protoss, un pilar de llamas arrasadoras que desharía un extremos de la estación con un corte perfecto, llevándose consigo  la nave de escape de Kain. Él empezó su marcha. Sabía lo que pasaría, vendría a mí. Monté en la nave de transporte y rápidamente coloqué a Rubí  como piloto.

Ø  ¿Puedes arrancar?

Ø  Imposible, está en un circuito cerrado, no podrá manejarse manualmente hasta el fin de la secuencia.
Un gran golpe sonó, la estación entera se inclinó a un lado y la nave apenas se mantenía por los seguros que la sostenían a la plataforma.

Ø  Me encargaré de Kain.

Ø  ¡No tienes que salir- dijo pensativa Rubí- … pero si puedes, acaba con él!

Baje de nuevo al puerto, no había tiempo para pensar, para tácticas para nada. Kain  corrió hacía mí de manera directa abriendo fuego, yo hice lo mismo, gritamos entre truenos, y ambos descargamos nuestros cartuchos enteros unos sobre el otro, ninguno falló. Ambos caímos al suelo con nuestros cuerpos llenos de plomo y pequeños riachuelos de sangre a nuestros lados.

Pero la victoria, la victoria era mía, porque esas flamas estelares en el horizonte, esas luces de hermosa destrucción, ese cielo de incineración era mío y celebraba la llegada de mi muerte como lo había hecho en cada punto de mi existencia, porque la vida es una guerra, una lucha inevitable en contra del destino y lo que está escrito. Entonces, vino a mí, de nuevo, ese sepulcral silencio.

En mí vacío absoluto, escuché una voz de un ángel susurrarme al oído.

-          “Te mentí Valis, guardé algo... para ti y no me gusta quejarme, pero espero así no sean todos nuestros momentos juntos”.
  

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