martes, 23 de agosto de 2011

Ella, La Niebla. (1999) -Escritos Primeros- (Mucho a editar)


Exiliado de mi reino por buscar un amor que no me pertenecía, fui el heredero de un gran legado pero lo rechace y lo deje olvidado en el pasado. Ahora me encuentro acostado con mis pensamientos en un cuarto de una posada de un lejano poblado, en busca de la mujer a que tanto he amado; en mis recuerdos aun reposa aquella frase de mi amado padre, que en paz descanse: " Bendición y maldición de los hombres es el amor; que los hace perderse entre sus redes, oculta a sus ojos toda verdad y visión."

Sobre mis ojos puedo ver las rusticas paredes de la posada en la cual me oculto de las culpas que arrastro, mi pasado ahora es solo un cuento olvidado en el tiempo, solo soy una leyenda, un mito, una mentira. Con el tiempo me volví una sombra que merodeaba la noche, que con el llamado de la cruel luna huía tras el rastro de su amada.

Me levanté de la incomoda cama y tras la llegada de la noche decidí emprender de nuevo mi camino, bajé las escaleras del húmedo lugar, mientras un poco mareado por el despertar me tambaleé entre las paredes y crucé el oscuro pasillo renunciando a la luz de la vela que sobre una de las mesas en mi cuarto posaba. Como cuerpo arrastrado por fuerzas invisibles me dirigí entre las escaleras del bar, encapuchado por una capa de cuero que servía de protección contra las tormentosas y frías noches de aquel condado, la espada guardada entre mi manto, botas de cuero de algún animal desconocido y un completo traje de pieles de bestias me adornaban.

En el bar de la posada el tendedero aun servía tragos a los pocos hombres que al igual que yo alguna pena escondían, no presté atención a mas detalles, la noche me llamaba con el susurro del viento, abrí la puerta y pude ver las calles desoladas de la ciudad que oculta sobre penumbras se encontraba: inundadas por la nieve las casas rusticas del lugar entristecían el paisaje y crujían ante el viento. Me cubrí con mi ropaje como pude y empecé a huir de la ciudad como acostumbrado ritual de mis jornadas.

Dentro de mis memorias nunca encontré su nombre, pero en mi alma su hermoso rostro quedo marcado, como el único amuleto que guardase felizmente de mi pasado. Mi amor era intenso por ella.

Dirigiéndome entre las tenebrosas y frías calles como una sombra que refleja la oscuridad de la noche, pude escuchar un grito, un aullido entre los bosques, una voz de desesperación que exclamaba terror. Corriendo me dirigí al lugar del acontecimiento, en un tiempo breve atravesé el pequeño condado y me hundí en el bosque, un niño aterrado ahí se encontraba, con los ojos cerrados para cubrirse de la visión que tanto le producía terror, sus manos cubriendo su cara, lágrimas inocente reclamando por protección corrían por su joven rostro, estaba aterrado pálido como la nieve y temblando mas que por frió por un profundo miedo.

Yo temeroso también debido a aquella advertencia de peligro que sus expresiones mostraban, me acerqué a él no sin antes contemplar mi alrededor en busca de la razón del miedo; no pude mas ver mas que árboles y nieve amontonada junto a la tierra, temblorosa se pusieron mis manos sobre la inocente victima, buscando darle la protección que tanto necesitaba. Él se escurrió en mis manos y lejos corrió, yo al igual que la bestia o espanto que le hubiese atacado le provocaba miedo, no era para sorprenderme ante mi aspecto, además, era un desconocido para él, al igual que él lo era para mí ¿debía yo de temerle?.

Lo seguí para protegerlo sin importar su miedo, entre los árboles lo encontré, estaba paralizado temblando posado debajo de un árbol, pronto lo tome en brazos y lo levante y le pregunte de donde provenía tal profundo miedo que podía parar el corazón de alma tan inocente, él señalo con dedo endeble y temeroso a las alturas de las montañas donde la niebla espesa asentaba su territorio, le pregunté que es lo que hay allí el me respondió; que ella merodeaba las montañas atrayendo las almas para a su santo refugio y condenar su espíritu a vagar eternamente con ella en las alturas de las montañas.

Yo pregunté, a quien se refería él me respondió diciéndome que era un alma condenada, de aquellas que habían sufrido por amor; en un momento supe que yo no era diferente a este espanto que de manera resumida debido a la respiración constante y desesperada el muchacho mostraba. Pronto el joven se calmó y debajo de un árbol nos protegimos de la nieve, este prosiguió relatándome sobre aquel espanto, era una leyenda que hace poco se contaba, sobre una mujer que fue arrastrada por un hombre que no amaba hasta estas montañas donde la muerte interrumpió su camino y sus almas condenadas quedaron atrapadas vagando en pena y esta ahora le canta a la noche en busca de su amado que perdido en las sombras la busca desesperadamente, en ese momento pensé: si sería yo, sería verdad que ella había muerto. Pensé que no podía ser, después de tanto años buscándola, la encuentro pero ahora es solo un despojo de su alma, la desesperación entró en mi cuerpo me di la vuelta y pude ver el negro horizonte hacia las montañas sumidas en nieve, olvidé al muchacho que se limitó a observarme y me entregué a mi necesidad de corroborar mi situación. Corrí hacia las montañas, atravesé las rocas, sus árboles y toda su vegetación, sin importar el frío profundo que empezaba a poco a poco a penetrar en mi cuerpo. Me enfrente ella, la nieve caía y confundía mi camino, me dirigí hasta las alturas de la montaña y me interné en su bruma profunda, la niebla tomaba mi alrededor, espesa y profunda como el mismo océano me ahogaba, pronto pude escuchar, un sonar, de un lamento, una amarga letanía de invierno, su canto contaba la historia de un príncipe que había renunciado a sus alas en la gloria por su juramento de amor eterno, me dije que era ella, después de tanto tiempo había encontrado lo que tanto buscaba.

Era su espíritu el que cantaba a la noche, sus canciones solo reflejaban llanto y lamento, pronto pude ver al mí alrededor, la bruma de la niebla se dispersaba, pude ver que el suelo estaba conformado por cristales de hielos que conformaban espejos que reflejaban imágenes, en ella pude verme, era una sombra mi reflejo, el reflejo de un ser oscuro silente compañero de las noche de la nada, era un insignificante hombre sufriendo por su amada.

Faltaba poco para llegar a las alturas y esta vez la niebla como brazos extendieron sus manos y me atraparon dejándome ciego y nublando mi camino, pronto pude escuchar un rugir en el viento que partía la armoniosa melodía y provocaba que su vos partiera en llanto, En su eco pude sentir el sufrimiento que este le provocaba y me dije que debía protegerla, llegué hasta lo mas alto entre las montañas, rozando el cielo con mis manos y hay lo pude ver, mi rostro dio una expresión de horror al ser testigo de tal visión, un ser de gran tamaño oscuro y de ojos rojos, este rugía a la luna como si le reclamase su amargo destino, pronto él me vio y yo quede atrapado en el pánico, se acerco, pude ver que era una bestia de grandes garras y poderoso dientes, este tomo de mi brazo y me lanzo en el piso cristalizado, la bestia rugía y corría como animal a su presa hacia mí, un dolor sobre mi espalda se asomo y pude sentir que un cristal de hielo se había clavado en ella, pronto la bestia se acerco, yo empuñe mi espada corta y el impacto se dio y mi espada se clavo sobre su pecho, la sangre corrió desde la herida, manchando mi cara y su pelaje, pude sentir su sabor, en él frió intenso de las montañas un calor profundo tomo mi cuerpo, todo debido a la salvaje lucha, el animal agarro mi mano izquierda con la cual empuñaba mi espada y la torció como si de una pequeña rama se tratase, el dolor aumento en mi, mis huesos empezaron a partirse y mis músculos entumecidos fueron torcidos, con él mi brazo agarrado me lanzo sobre el final de lo que seria una caída de hielo que antes no había contemplado y el brazo se desprendió, la muerte era asegurada para el que cayese de tal punto, pronto la bestia en su continuo ataque se dirigió a mí de nuevo, el dolor sobre mí era inaguantable, la bestia se poso sobre mí y rugió condenándome a ser víctima de uan carnicería.

Vi a mis lados y pude ver uno de los tantos cristales de hielo, la bestia no reflejaba ninguna imagen, esta bestia era un espíritu, un espíritu que se había vuelto demonio por sus culpas. Tomé uno de los cristal con mi única mano, mientras él rugía y se preparaba para embestirme,  yo temblaba de miedo, él monstruo se abalanzo sobre mí y como acto de sobrevivencia arranqué el cristal y lo clave su sobre su ojo derecho. Luego, usándolo tal como espada hice una hendedura hasta el derecho, dividiendo su horrible rostro en dos, sangre negra salió expulsada y un quejido de su boca, él me tomó con sus brazos, y sus garras se clavaron en mi cuerpo atravesando la débil piel que sucumbía ante cualquier filo, pronto vi que mi muerte se aproximaba cuando pude ver como la niebla rodeó a la bestia atrapándolo y dejándome libre, cayendo en el suelo, agonizante del dolor, pronto la niebla lo tomó y lo lanzó por el risco de la montaña, esta cayo, pero un rechinar se escucho, la bestia había clavado sus garras sobre los cristales, tratando de sobrevivir sin importar herirse ella, actuaba solo por presentimiento, estaba ciega, pronto me arrastré y tomé otro cristal y lo clavé sobre su cabeza, en esta ocasión por odio. Él se quejó y dio un estopor furioso que salió de sus fauces, pero en instantes en un último aliento de vida el tomó con sus garras una de mis piernas y luego cayo desde las alturas del risco, arrastrándome con él al vacío.

el miedo se acrecentaba sobre el dolor, era él ultimo momento de mi vida, pronto caí, pensé que ese era mi final, por momentos me sentí como una gota de lluvia que cae en la infinidad de la tierra, el pánico tomo mis pensamientos y un grito profundo se escucho por las montañas y fue resonado por el eco, en momentos caí en las profundidades de la montaña, pero dentro de todos ese pánico pude sentir como la niebla me arropaba en su manto y tranquilizaba mi alma, en momentos mi espíritu se desprendió de mi cuerpo y fui testigo de las más hermosa visión que jamás había visto, era ella, era su hermoso rostro, su belleza era mostrada, era su figura en la bruma, era el fantasma de ella en la niebla.

Mi espíritu fue separado de mi cuerpo y pronto me vi envuelto por la bruma y tomó mi forma convirtiéndome en parte de ella y ella en parte mía, ahora la niebla su alma y mi espíritu éramos uno, como siempre lo había deseado, como siempre lo había querido, desde ese momento ella y yo vagamos en la nieve como almas en pena y nuestro reflejo ahora muestran imágenes claras de nuestra belleza pasada, nos tenemos uno al otro y ahora en la bruma profunda ya no se escucha un rugido y un lamento, sino un cantar hermoso y armónico que ostenta la felicidad divina.

Ahora como espectros merodeamos en las oscuras noches de invierno, aun se nos teme, pero ya nadie nos llora.



La Dama Oscura (1999) -Escritos Primeros-

La Dama Oscura

por: Anaris Silva Pirela

Olvidada por los relojes del tiempo, el campanario se posaba en las afueras del pueblo como un retrato de un cruento pasado. Su imponente y lúgubre presencia al igual que su eterna soledad provocaba miedo en el corazón de los hombres: era un temor a lo desconocido, tal vez una simple animadversión a las sombras que se mostraban en los declives de luz que dentro de la oscuridad se asomaban o quizás las manchas de sangre de historias pasadas que no se habían secado del todo. 

Una negra figura a veces se observaba merodeando ese viejo campanario, aguardando, como vigilante nocturno que aún conservaba esperanza, ella, la sombra, se posaba cada noche en lo alto anhelando algo perdido. Los pueblerinos imaginaban que sus ojos divagaban el lejano horizonte en el cual se perdían en un destino futuro, quizás a la espera de un amor fallecido o de una felicidad perdida. Ella, hermosa figura que irradiaba tristeza en su imagen, había tomado desprevenido él corazón de quien una vez a ella le había servido de guarda y se lo había llevado lejos donde la distancia es tan grande que apenas las memorias sirven para retornar su presencia. Eso decían de ella.

"Dama oscura" llamarón a la sombra, se había vuelto un mito, una verdad demasiado increíble y misteriosa para ser contada sin explicaciones malévolamente elaboradas. La verdad no se encontraba en una ilusoria imagen, estas sombras siempre algo ocultaban pues donde haya oscuridad siempre se encontraran rastros de una luz apagada.

La soledad; amargo vació que ha los sentimientos transforma y las personas hiere, es lo único que Esalina posee, su historia, un secreto oculto en el baúl del pasado, ella es dama oscura que solo en las noche vive y en el día se cubre dentro de su manto de eterna penumbra. La luna testigo fiel de su pena, para ella siempre reluce. Esalina cada noche se posa sobre la torre y para el ojo nocturno; su amigo y único testigo de su lenta agonía, habla.

- ¿Cuan amarga debe ser mi pena?, ¿Cuan triste debe ser mi rostro? para que tu imagen certera no brinde mas vida a mis ojos, sabes que sin él no existo y que por él una leyenda me torno, puedes ver mi pálida imagen, mi sangre austera y cuanto alimento pide mi alma, que en tristeza enfurece por no poder vencer.....miedo de alguna ves dejar el espeso rojo caer.

El llamado gran ojo nocturno, que en las noches sale, cuando el astro rey se esconde, brinda palabras a tan triste belleza.

          - Tu casta es maldita, por que el alma ella falta, pero tú eres bendita entre todos los seres porque todavía ella posees y el bien en ti no acaba, pero la luz que todo purifica aun tu carne destroza. Entiendo el porqué de tus lágrimas, pero a diferencia de la falsa creencia, yo no soy más que un astro el cual a todos vislumbra en la noche maldita y no un dios oscuro que su poder ejerce.


Esalina, la hermosa dama de las noches de oscuridad y viento, con tristeza su figura posa, en pena perpetua se encuentra su alma....

- Mi casta...... resultado de la palabra no-muerte en el diccionario sagrado. Mi sed por esencia cada día crece y la maldad por dentro me devora, poco a poco ella me corrompe, brindándome nuevos deseos.......

Ella a lo alto se mantiene y posa, provocando miedo sobre los ignorantes....

- He de recordar mi pasado para no olvidar los únicos recuerdos que a la corrupción mantiene lejos. Aquel pueblo que con tanto odio a lo lejos veo, cuna de mi nacimiento, gracias a él lo recuerdo. Frío suelo nevado fue mi primera cama, debido a que falto de recursos y de amor eran mi original casta, sola me dejaron a merced del invierno, pero él, aquel de negra piel como la noche, me salvo, puedo recordar sus hermosos ojos rojos que brillaban como joyas en la penumbra. Esa noche me abraso a su sangre con el beso, del cual marca aun poseo, crecí con su compañía en este viejo campanario, lo ame como padre, amigo y amante, pero él desapareció una noche con la promesa de volver algún día.......

- He escuchado historias de que él ha luchado lejos por nuestra causa, y con relatos y poemas han contado su historia... el relato de un guerrero maldito con la sangre del infierno. Su espada se llama odio, a sus pies corre la sangre de los ángeles y su poder a lucifer atemoriza....asi con gran majestuosidad cuentan su historia.

La luna en ese momento ilumino su imagen, Esalina brillo como un astro y su largo vestido negro fue arrastrado por el viento y ella posada como magnifica estrella continuo su amarga espera.

A lo lejos, el pueblo que tanto miedo guarda a la imagen de la oscura dama, se encuentra cubierto por un manto de incertidumbre, creado por la ignorancia, su miedo poco a poco se transformó en odio; odio que se transformó en resentimiento ciego. Ellos enviaron a fuertes hombres a terminar con el espanto.

Cuatro eran ellos. Decidieron enfrentarla, decididos fueron armados con puñales, enfrentaron en la noche las sombras y cruzaron el bosque maldito, hasta llegar a la inmensa torre, paso a paso se fueron adentrando silenciosamente abrieron sus puertas de hermosa madera, cada uno de ellos asustados entraron teniendo cuidado en sus pasos, uno de los hombres hablo.

- Vamos espanto sal de tu manto de sombras y deja tu cuerpo maldito salir a la luz de la luna, entrega tu vida por el bien de nuestros amados que halla a lo lejos logras asustar con tu sola presencia.

Otro hablo con vos más fuerte.

- Sal de ahí dama oscura, no nos obligues a recordar tu verdadero nombre, este es la vía más fácil para que te entregues en manos de nuestro señor dios.


Esalina, escondida entre las sombras pudo ver claramente la intención de los hombres que por su alma clamaban.


-No sería esta la vía más fácil -pensó ella-, entregarme en manos de los ignorantes y que ellos acabasen con este infierno que llamo vida, no, no lo haré, no sin antes ver por última vez su rostro.

Ella pareció como fantasma entre el manto de penumbras y con sus ojos grises como dos resplandecientes diamantes brotaran humo cual fogata que ardiera en llamas, los hombres se asustaron ante tal intimidadora imagen, paralizados quedaron.


- Mortales, han venido a buscar su muerte, siento la necesidad en mi de alimento, ¡¡su sangre ahora brotara en mis labios cual hombre condenado en las fauces del infierno!!

Los hombres salieron de su estado y la enfrentaron:

- Maldita seas tú entre todas las mujeres, ser oscuro ha consumido tu alma que una vez fue noble, por eso debemos liberarte de la prisión que llamas cuerpo y de la pena que seguro nombras vida.

Todos al unísono se lanzaron sobre ella, cual fieras bestias intentaron usar armas sobre ella, La dama oscura vio su propósito, las sombras que a ellos cubrían pronto tomaron forma y como sierpes el cuerpo de tres de los hombres cubrieron y su esencia consumieron, tornando su piel pálida, mientras quejidos lastimeros salieron de sus labios, en segundos sus cuerpos muertos cayeron al piso y la putrefacción de estos pronto se disperso en el ambiente, aquel, él que quedaba vivo, fue detenido por la delicada mano de Esalina, tiernamente vio sus ojos y él quedo impregnado de su espectral belleza, sin nada con que poder resistir tal hermosura cayo victima del beso nocturno, ella tomo su cuello y bebió de su sangre.

Todos los hombres murieron en manos de la dama oscura, pero sus cuerpos fueron escondidos por la noche y los ignorantes mortales acrecentaron mas su miedo y el llanto. Sus quejas llegaron a las altas cúpulas de la iglesia la cual envió a un caballero eclesiástico que diera fin al espanto.

Tisius, un noble paladín de alta alcurnia fue el llamado, héroe de la luz y leyenda de hombres, este fue junto a su noble caballo al olvidado condado, en busca de terminar con el espanto. Tras uno días llego al poblado y pregunto sobre la "Dama Oscura", la familia de los hombres caídos le brindaron su historia, dejando una marca en el corazón de este hombre que fuerte por la justicia latía. Pronto él agrupo hombres del poblado que le ayudaran a purificar el alma de esta mujer joven, en la noche se dirigieron a una cita a ciegas con el destino.

Tisius y la bandada de hombres cruzaron la noche con antorchas en mano para confrontar el manto de sombras que a la "Dama Oscura" protege, llegaron a la antesala del castillo y las puertas abrieron, Tisius bajo de su noble potro y dio ordenes de quemar el castillo si el no lograba salir de aquella esfera de muerte en la que se había transformado el campanario.


El bajó y animó a los hombres:

- Recuerden que nuestro dios, creador de todo aun en la noche nos acompaña y él a lo justo protege, no teman y confíen en el fuego de las antorchas que todo lo purifica.

El paladín entró a paso seguro y entre las sombras como los anteriores visitantes se encontraron, pudo observar el rostro de los cuerpos podridos parecían aun pedir compasión. Se acerco a ellos y una oración dio a cada uno, la cara de los muertos se torno calmada, ya no parecían sufrir. El paladín tomo su espada en forma de cruz; que poseía un doble filo; representaba a su dios y a los hombres a los cuales defendía en nombre del divino, y la empuñó hablandole a las sombras:

- Sal ser que vagas por pena, entiendo que las puertas del infierno sujeten a la tierra y que los cielos no te desean por ser impuro, ya no eres humana, no eres ser de respeto, no eres más que una sombra que vaga en las noches en busca de muerte.

Esalina, ante las palabras de aquel hombre, se dejó llevar por la furia y la corrupción de las sombras, ella pronto apareció de nuevo como imagen espectral y un ensordecedor alarido lanzo, el paladín se hizo atrás por la afluencia del grito, dejándolo un poco aturdido, pero siguió de pie, era un hombre de fe. Afuera los hombres ante el grito comenzaron a estremecerse y a temer por sus vidas, adentro la dama oscura llamo a las sombras nuevamente, estas atacaron a Tisius como saetas fieras, formas humanas de inexpresivo sentimiento y deforma abstracta comenzaron a atarlo, mientras Esalina lo veía adentrada en su amigo la oscuridad, Tisius sin miedo lucho dando golpes con su espada a las sombras, las cuales se veían debatidas ante la esencia pura del combate noble por causa justa, Esalina se asusto un momento, pero el abraso de las sombras tomaron el cuerpo de Tisius, él se veía atrapado por las almas de la noche, su espada tuvo que dejar caer y esclavizado por las sombras se vio, pero los gritos desde afuera aumentaron y fuego que cortaba el viento se sintió, los hombres habían lanzado las antorchas, pronto la madera se vio consumida por las fuerzas absorbentes del fuego que todo lo consume, este se esparció por toda la estructura como si el mismo infierno naciera en el corazón de la torre, el fuego trajo luz pura a las sombras, cuales se debilitaron, Tisius cayo arrodillado y lastimado, su respiración era fuerte, su cansancio demasiado, su verdadera fe era lo único que le hacía mantener la lucha.

Esalina vio el fuego esparcirse y huyo a lo alto de la torre, Tisius la siguió lentamente y pudo ver como ella en medio del fuego se dirige a lo alto de la torre a donde siempre había hablado con la luna, ella derramaba lagrimas, se encontraba asustada y llamaba a él que fue su hombre, esta ves de una manera desesperada. Tisius se acerco a ella, La dama oscura volteo su rostro y él pudo ver su tristeza y la pureza de su alma, ella cerro los ojos, mientras a su alrededor todo se iluminaba por los estallidos de fuego en que la torre se veía consumida, Tisius se acerco ella y la abrazo para evitar que tuviera miedo, ella cerro los ojos y se dejo llevar. Él susurro:

- Sé cuánto sufres...........


Tisius tomo una daga que poseía guardada y la clavo en su espalda atravesando justo su corazón, él después la soltó, Esalina dio un gemido de dolor mientras su rostro mostraba una profunda tristeza. Ella dijo:

- No hasta verlo, no, por lo menos una vez más...

Caminó por la herida y poco se vio mas debilitada, se echo hacia atrás y mientras soltaba una lágrima se lanzó desde lo alto de la torre. Tisius quedó sorprendido ante la elección del espanto, pronto se vio rodeado por el fuego, el bajo la torre y vio las puertas que también ardían en llamas, pedazos del techo caían sobre él, la torre lentamente se venía abajo, con decisión se lanzó a las puertas incendiadas de la torre, sintió su cuerpo arder, traspaso la puerta y logro llegar hasta la salida, pronto el dolor del fuego que a él consumía, se vio disminuido al ver arrodillado los cuerpos destrozados de los hombres del poblado, pero su miedo fue mayor cuando pudo ver los pies de un ser oscuro, levanto su mirada y solo logro ver a una gran sombra de ojos rojos que en sus manos llevaba la golpeada y maltratada Esalina que se encontraba desmayada, el ser oscuro pateo fuertemente a Tisius y este cayo de nuevo dentro de la torre, su fe se había esparcido, el terror era demasiado, el ser oscuro camino lentamente ignorando el fuego y posó a la dama oscura sobre un altar, el paladín siguió paralizado, creía ver a la imagen del enemigo definitivo y no se encontraba lejos de la verdad a pesar de que ese momento caía en locura, el ser se acerco a él y tomo un madero que se encontraba incendiando y se acercó, Tisius cayó en un miedo más profundo al ver que la luz no se reflejaba sobre él. Tisius dio unas últimas palabras:

- Maldito demonio, la muerte de ella será tu condena....

El ser oscuro clavo el madero en su frente y el paladín murió instantáneamente......

El ser oscuro se acerco al altar donde había posado a su amada y hablo con dulce tristeza:

- Esalina, si alguna vez te deje solo era porque te protegía, no deseaba que fueras como yo, sino que brillaras como las estrellas a la cual tu belleza se compara, que todo el mundo admirara tu imagen y que me olvidaras como el tiempo lo hace con cada recuerdo. Mi hermosa doncella jamás pensé que te dañaría como lo hice, en aquel momento debí dejarte morir para en el frió invierno y no brindarte una condena tan larga.

Ella reaccionó unos momentos como si aun se sujetara a la vida.
Y Esalina susurró:

- Mucho ha sido mi sufrimiento, pero en mi alma llevo aquellos instantes de amor que a mi corazón aun mantiene vivo, no me has hecho daño, preferiría sufrir mil veces más a nunca a ver conocido tu amor......

Él respondió:

- Calla, no te esfuerces mas, mantente hermosa, haz que tu cuerpo siempre sea un fiel recuerdo de la que fue una vez nuestra felicidad. Tu alma jamás dejara esa prisión pues en ella perduras y nosotros los seres malditos estamos condenados a mantenernos dentro nuestros cuerpos aun después del abrazo de la muerte, ahora descansa en paz para siempre mi querida enemiga.Por ti vagare estas tierras como animal que ronda las noches, para proteger el único retrato que de ti perdura, te protegeré por siempre entre las sombras, te adorare por siempre en oscuridad ..... y serás mi eterna amada...


Cielo de Incineración - Parte 3



Ø  “¡Aléjense!”-  gritó Kain

Ø  “¡Xack! –dije yo- ¿Cómo sobreviviste?”

Ø  “¡Cúbranse!” – insistió Kain.

Ø  “¿Xack? ¡Xack!” – dijo Rubí.

El sargento corrió hasta Xack con una expresión de alegría, yo, al lado de Rubí, nos miramos dudosos. Kain se alejó tomando cubierta detrás de la recepción, yo lo miré con duda y al voltear a ver al sargento, pude ver como su visor, en su traje Firebat, se abría y nos mostraba al viejo Xack… transformado en un infectado. Yo me lancé junto a Rubí bajo cubierta. El sargento cambió de expresión, levantó su arma y Xack explotó en mil pedazos llevándose con su rocío abrasador para siempre a nuestro sargento. 

Me di cuenta que no existía tal cosa como al suerte del sobreviviente. Aquellos que lo hacen, solamente ven más días de combate, más muerte, más fuego.

A veces, cuando luchabas en la confederación, no sabías realmente en que bando estabas, las guerras internas eran demasiadas. En un principio parecían tener sentido, pero con el tiempo, se levantaban cuestionamientos morales cuando te tocaba atacar a aquellos que una vez llamaste hermanos, a pesar de todo,  ese era el precio de ser fiel a una causa,  entregar tu voluntad, tu juicio y manos a un ideal controlados por otros hasta que éste se corrompe, se llena las manos de sangre y se condena a caer como otra nación en los anales perdidos de la historia.

Hoy, existe la confederación, mañana los Hijos de Korhal, la facción en insurgencia, verán sus días hasta que llegue un nuevo poder. Cuando eres un simple soldado en el campo de batalla, sabes bien que serás el héroe de hoy, e inevitablemente, el enemigo del mañana.

Quedábamos tres. Kain, Rubí y yo. Sin Xack, sin el general y sin confederación. Ya no éramos más soldados, ni compatriotas ni aliados, éramos seres humanos jugando cartas con la muerte.

Ø   “¡Ja! -dijo Kain carcajeando- ¿Quién lo diría? ¡Y la muerte nos separó!”

Kain automáticamente levantó su rifle y me apuntó con una mirada decidida, una mirada que decía que éste por fin sería su mundo y él sería libre.

Ø  “Hasta aquí llegaron nuestros caminos, -dijo Kain- no me sigan, hay dos transportes, tomen el suyo”

Ø  “De acuerdo” – le dije apuntando a él y cerrando mi visor.

Ø  “Sólo, déjame asegurarme de que seas un hombre de palabra”.

Tomó su arma, volteó en dirección a Rubí y le disparó en una pierna, ella de un quejido calló, yo le disparé devuelta, pero logro cubrirse y decidió escapar tomando un elevador. La cuenta sobre las pantallas indicaban: 10 minutos para la evacuación, yo tomé el otro elevador, llevando conmigo a Rubí, no teníamos palabras, nos abrazamos por un momento, habíamos perdido a Xack que era como nuestro hermano y al sargento que sería lo único que conocí como padre y Kain nos había traicionado. No había tiempo para lágrimas.

-          ¿No te queda energía? - pregunté”

-          Nada en el regenerador, respondió. Si puedes, mata a ese desgraciado”.

Llegamos a la planta alta, llevaba mi rifle en busca más que de un Zerg, de Kain, lo vi tomando una de las naves, lejos de mi rango, y la otra nave de escape al otro extremo, al llegar apenas quedaban siete minutos.  La tormenta había llegado a su punto más álgido, las descargas eléctricas caían alrededor de las plataformas, allá a los lejos se veía la colonia invadida por Zergs y en el cielo, el castigo de los antiguos dioses comenzaban. Varios flashes aparecieron en el cielo y lo una fina línea celeste se expandían como pilares de fuego estelar, este planeta iba a ser purificado.

Caminamos hasta la nave, estaba en piloto automático e iniciando la secuencia de despegué, en eso pude ver uno de las descargas de artillería Protoss, un pilar de llamas arrasadoras que desharía un extremos de la estación con un corte perfecto, llevándose consigo  la nave de escape de Kain. Él empezó su marcha. Sabía lo que pasaría, vendría a mí. Monté en la nave de transporte y rápidamente coloqué a Rubí  como piloto.

Ø  ¿Puedes arrancar?

Ø  Imposible, está en un circuito cerrado, no podrá manejarse manualmente hasta el fin de la secuencia.
Un gran golpe sonó, la estación entera se inclinó a un lado y la nave apenas se mantenía por los seguros que la sostenían a la plataforma.

Ø  Me encargaré de Kain.

Ø  ¡No tienes que salir- dijo pensativa Rubí- … pero si puedes, acaba con él!

Baje de nuevo al puerto, no había tiempo para pensar, para tácticas para nada. Kain  corrió hacía mí de manera directa abriendo fuego, yo hice lo mismo, gritamos entre truenos, y ambos descargamos nuestros cartuchos enteros unos sobre el otro, ninguno falló. Ambos caímos al suelo con nuestros cuerpos llenos de plomo y pequeños riachuelos de sangre a nuestros lados.

Pero la victoria, la victoria era mía, porque esas flamas estelares en el horizonte, esas luces de hermosa destrucción, ese cielo de incineración era mío y celebraba la llegada de mi muerte como lo había hecho en cada punto de mi existencia, porque la vida es una guerra, una lucha inevitable en contra del destino y lo que está escrito. Entonces, vino a mí, de nuevo, ese sepulcral silencio.

En mí vacío absoluto, escuché una voz de un ángel susurrarme al oído.

-          “Te mentí Valis, guardé algo... para ti y no me gusta quejarme, pero espero así no sean todos nuestros momentos juntos”.
  

Cielo de Incineración - Parte 2



Ø  “Calmados, -ordenó el sargento- no desperdicien munición”.

Ø  “¡Salgan! - vociferó Kain- ¡Adelante! ¡Vengan por mí, sé que están ahí!”

Ø  “Sí, claro, si los llamas ellos vendrán”.

Ø  “Valis,-me respondió Kain- eso nunca lo sabes”.

Ø  “¡Shhhh!- dijo la doctora-  Silencio, escuchen”.

Ø  “El suelo…” -dijo Zack.

Ø  “Oh, no, oh, no” – decía Rubí.

El suelo en efecto se movía, entre la arena y las rocas algo perverso se escondía. Nos habían dejado llegar a hasta acá y nos habían hecho detener justo donde lo deseaban, en su trampa, esos alienígenas contrario al concepto de bestias salvajes que tenemos de ellos, nos consideraban, nada más y nada menos que su presa, su alimento. Seres por debajo de la jerarquía de la cadena alimenticia.

Ø  “Quietos, - dijo el sargento-  quietos, quietos ¡Salten!”

De entre el movimiento de las rocas, unas afiladas espinas de casi un metro y medio de espesor habían surgido rompiendo el pavimento y removiendo el concreto en un montículo que avanzaba en una línea recta. Los cincos saltamos esquivándolo como pudimos.

Ø  “¡Argh! – gritó Kain y lo disfruté - Me dio en el brazo”.

Ø  “Tenemos un merodeador instalado”- indicó el sargento.

Ø  “Y perros en camino…” - anunció Zack.

La colonia fantasma y desolada tal cual estaba había resurgido de entre sus cenizas, había tomado un nuevo tipo de vida, sus apartamentos tenían nuevos habitantes, los teatros nuevos espectadores, sus calles se llenaban de peatones y sus capitolios recién nombrados gobernadores. Nosotros éramos nada más que el festín de bienvenida y parte de una gran celebración. Estas cosas a las que ni si quiera nos atrevíamos a darles nombres propios eran seres de una consciencia compartida, organizada y lógica. Nosotros, los dueños de la galaxia, caíamos ante unos monstruos muchos más poderosos y quizás más avanzados que nuestra propia civilización.
Ø  “¡Mi brazo, -gritaba Rubí- argh, mi brazo, doctora!”.

Ø  “¡Rubí!” – grité yo.

Observé a Rubí en el piso, apoyando sus manos contra el suelo, fui a revisarla inmediatamente, no estaba lastimada. Sólo había vomitado.

Ø  “Perdona, me dan asco los Zergs, el verlos, sentirlos, olerlos. Asco”.

Ø  “No eres la única”. – le respondí

Nuevamente se movieron las hojillas separando la tierra, empujé a la doctora a un lado y comencé a disparar dos ráfagas de fuego sobre el punto de origen y vi como Xack se acercó con grandes pasos y descargó sus incineradores sobre el área, la criatura salió de su escondite, era una araña gigantesca con rostro de cucaracha y rodeada por afiladas garras de hueso, ella se abalanzó sobre Xack, el cual a toda respuesta la roció con sus lanzallamas y yo descargué casi un cartucho enteró para que callera. El sargento se encargaba de cubrirnos las espaldas disparando de una manera precisa sobre los ojos de los perros Zergs y el único lastimado parecía Kain. Rubí se levantó a atender a Kain, utilizó su regenerador para recubrir las heridas y en un momento estuvo bien… pero aún, un ingente Zerg se acercaba… cientos de chillidos disonantes sonaban como una horda enfurecida de insectos.

Ø  “¡Al puerto interestelar, -gritaba el sargento- vamos, vamos, vamos!”.

Ø  “No lo haremos” – indicó Xack.

Ø  “¿Cómo?” – preguntó el Sargento.

Ø  “No hay manera, se sobrepondrán a nuestra velocidad, los Zerg sólo tienen una motivación en esta vida y esa es alimentarse… son bestias”.

Ø  “¡Sí!- le grité- ¡Quizás lo sean! Pero hay cerebros pensantes que los manejan y ellos actúan con lógica.”

Ø  “Alguno debe desviarlos,- dijo Xack- cambiarlos de dirección, de lo contrario nadie llegará”.

Ø  “¡No, soldado! Todos debemos hacerlos juntos.”

Ø  “Yo estoy de acuerdo” – replicó Kain.

Ø  “Xack, -habló la doctora- necesitamos tus incineradores, eres el de mayor capacidad defensiva y ofensiva”

Ø  “Sólo dime a donde desviarme en la colonia,- me dijo seriamente Xack- ahora, yo los desviaré”.

Ø  “Entiendo, soldado, si esa es tu decisión, pero… jamás te rindas o te entregues, que te tengan que sacar la piel, pero no te dejes morir”.

Ø  “¿Eso es una orden señor? – preguntó Xack.

Ø  “¡Sí, Xack, es una orden directa!”

Ø  “¡Muy bien, señor!

Le indiqué un camino, Xack asintió e indicó que nos fuéramos mientras se quedaba de frente a la oleada y vi que se inyectó la droga de adrenalina. Mientras nos alejábamos veíamos como detenía olas de perros Zergs siendo detenidos por sus lanzallamas y aquellos que llegaban cerca los manejaba con sus propias manos, hasta donde pudo verlo seguía vivo, al dejar de verlo, estuve seguro de que no lo estaría mucho.

Ahora, sólo éramos cuatro. Nosotros nos perdimos entre los edificios, al correr en la colonia, vimos cómo se podían ver nubes claramente, las luces empezaban a crear un amanecer artificial hecho de cientos de pequeños soles en el firmamento. Unos gusanos alados hacían círculos alrededor de la ciudad y no parecían tener el mínimo interés en nosotros.

Al atravesar la ciudad llegamos a la plaza principal de la colonia. Estaba completamente invadida por un tumor purpura, como una piel acuosa que se extiende lentamente bajo los pies, los árboles tenían unas venas que le invadían su contorno, habían larvas gigantescas arrastrándose  y huevos Zerg esparcidos por el lugar.

Ruby pareció atragantarse, se hizo a un lado sufriendo de náuseas y se quejaba tosiendo. Yo fui a ayudarle. El sargento tomó su arma sin duda y junto a Kain se encargaron de destruir las larvas, los huevos y acabar con cualquier rastro de vida reproductiva.
Ø  “¡Malditas cosas! ¡Miren como mato a sus niños!” – gritó el sargento

Ø  “Hm… más bien sus órganos reproductivos” – Opinó Kain.

Ø  “Muy bien, miren como te acabo los huevos” – replicó nuestro líder.

Al terminar con la masacre, nos empezamos a mover, Rubí palidecía ante la repugnancia inevitable que le producían los alienígenas.  De la nada, una criatura parecida a una mariposa cruzada con un ciempiés, se levantó de entre el tumor bañándonos con un asqueroso líquido aceitoso. Su boca se abalanzó sobre mí tumbándome y luego mordió el hombro de la doctora para lanzarla a los aires.
Ø  “¡Disparen! – ordenó el sargento - ¡Es una reina, disparen!”.

Rubí cayó con su hombro, desnudo de toda armadura, ensangrentado quejándose. Kain, el sargento y yo le disparamos moviéndonos, el monstruo no se detenía y con sus extensiones de puntas arácnidas golpeó al sargento en el abdomen lanzándolo a un lado y luego hizo lo mismo con Kain, decenas de balas marcaban su cuerpo, vino por mí con sus afilados dientes y al atacar cayó sobre mí… su cuerpo inerte.  

Me escurrí por debajo de sus alas, vi al sargento indicando que sólo era un rasguño a pesar de que se veía su cuerpo sangrando, Kain, él estaba por ahí, yo corrí por a ver Rubí, estaba tirada sangrando, tocaba su hombro y aplicaba su regenerador sobre la herida, pero el asco, el dolor, eso jamás se iría. La ayudé a levantarse cogiéndola del hombro sano, ella caminaba con debilidad.

Ø  “No me gusta quejarme Valis, - me dijo- pero eso dolió”.

Ø  “Tranquila,-le pregunté a ella - ¿puedes encargarte de los demás?”

Ø  “Puedo, pero el regenerador aunque trabaja como magia, no le queda mucha energía, apenas puedo curarlos y eso será todo”.

Ø  “Tendremos que evitar lastimarnos, en ese caso”.

Ø  “Espero así no sean todos nuestros momentos juntos” – me dijo ella.

Yo sólo pude sonreírle. Fui con ella y con la ayuda de su regenerador cerramos las heridas de Kain y el sargento, que insistía en que no era necesario.  Una vez de pie, sentimos la tierra quebrarse, era como si alguien hiciera del suelo potentes tambores y al caer un edificio a un costado de la plaza logramos ver a una criatura con una cara proveniente del mismo infierno. Era una hormiga tan alta como los edificios de las colonias, se acercaba a nuestro posición, en vez de brazos, tenía cuatro largas hojillas afiladas y pasaba a deshaciendo edificios a su paso como si fueran de anime. Pronto, vimos a la lo lejos que la ola de Zerg se acercaba tras del gigantesco ser.  Tratamos de perderlo entre los edificios,  tuvimos que romper puertas, usar escaleras de emergencias y buscar pasadizos poco ortodoxos, en el paso pudimos aclarar la más mínima duda acerca de la condición de la colonia: todo tipo de vida – exterminada. Logramos escapar perdiéndoles un poco el paso, pero el sonido  abrumador nos perseguía, estaban cerca. Llegamos a la entrada del puerto interestelar.

Ø  “Más escombros y ruinas, genial.” – dijo el sargento.

Ø  “¿Este es el puerto estelar? ¿Eso es un puerto estelar?” - Preguntó Kain.

Otro edificio más en ruinas, sin duda el más alto de la colonia, hecho como una torre circular con diferentes plataformas colocadas alrededor del tope, en parte era como una torre de cristal, la entrada estaba abierta y la puerta se mecía de un lado a otro.

Ø  “Sí, este es… - dije- pero la evacuación, los agentes, los soldados ¿Dónde están?

Ø  “De aquí, -informó la doctora- recibí el mensaje, si no hay soldados, debe haber una computadora en alguna terminal llevando a cabo un protocolo de evacuación… aún podría haber una oportunidad”.

Ø  “Sigue creyendo en la esperanza, yo seguiré creyendo en que moriremos aquí, al menos espero que mi nombre esté sobre un gran monumento y se acuerden de mí como un héroe”

Ø  “No lo creo, - intervino la doctora- la confederación registra a cada soldado como números, Kain”

Ø  “¿Qué?”

Ø  “No serás un héroe; 11117724895, lo será” – le dije a Kain mientras reía.

Ø  “Soldados, -interrumpió el sargento- cuando uno entra al ejército, jamás es para ser recordado, si algo, es para olvidar y ser olvidado”.

Ø  “¡Cada vez me encanta más este programa de reinserción social! Pelea cinco años por la confederación y te perdonaremos. Es como una condena de muerte útil”.

Ø  “¡Ya basta, -dijo Rubí- entremos y busquemos alguna nave de transporte!”

Kain se volteó, observó por unos segundos a los Zerg en su avance, negó y escupió el suelo, en su mundo todo esfuerzo era inútil, pero jamás nadie lo había dejado vivir en su mundo, siempre fue un esclavo del sistema y a pesar de su rebeldía. Yo observé el resplandor en el que se había vuelto el cielo; centellas fulgurantes, deslumbrantes prismas y chispas, pronto, junto a ese horizonte  completamente hermoso, pude ver la lluvia cayendo y el comienzo de una tormenta eléctrica. Avanzamos.

Al entrar, pudimos observar en sus pantallas y computadoras que la estación tenía energía a pesar de las peores de condiciones, algún protocolo de emergencia se había activado y los generadores habían canalizado toda la electricidad a este paradero. En las pantallas había un conteo que indicaba unos veinte minutos para la evacuación. Las computadoras en la recepción también estaban funcionales y la esperanza aún permanecía, ya que era posible conseguir alguna nave de transporte que nos sacara de este planeta condenado para nunca volver… a Mar Sara.

Dimos varios pasos manteniéndonos alerta, con nuestros rifles levantados, cubriendo a la doctora. Kain, de un momento a otro, rompió la posición y fue a la terminal de la recepción, manipuló los controles y  nos observó abriendo su visor, mostrándonos su rostro pálido.

Ø  “Aún quedan dos naves de transportes funcionales, sí, sí, tengo como escapar”.

Ø  “Querrás decir: tenemos” – habló seriamente el sargento.

Ø  No sé ustedes, pero yo me largo a la tierra, no quiero saber ni de confederados, ni de Hijos de Korhal, ni de Zergs, ni de Protoss, me cansé de esta guerra”.

Ø  “Eso sí yo te lo permito Kain. –le indicó el sargento- ¿Sabes cuál es el cargo de traición?”

Las puertas a nuestras espaldas se abrieron, el momento de conflicto ceso y todos apuntamos nuestras armas a las puertas, y una figura entró por ella.  No pudimos evitar la sorpresa, ahí, estaba él, como un espanto venido de la nada, caminando en medio del vestíbulo de la estación delante, contemplándonos de manera y tranquila, silente como siempre había sido su manera de ser. El sargento bajó su arma y sonrió.

Ø  “¡Soldado! – saludó gratamente el sargento acercándose- ¡Soldado! ¡Lo hiciste, sobreviviste, estás vivo!”